Mi hijo no come, no crece, está débil y duerme todo el día

A menudo nos encontramos con recién nacidos que no se cogen al pecho, no comen y al poco que comen ya se cansan y lloran. Muchos de ellos están débiles, pálidos y delgados, parece que les falta vitalidad, y se pasan el día durmiendo, y muchas veces por la noche después de dormir todo el día se despiertan y no nos dejan dormir. Puede que muchos de ellos sean prematuros o puede que no. Pero también podemos encontrar a niños más mayores que no quieren comer, que comen poco, y que a pesar de comer engordan poco, comen lento, parece que no les gusta la comida, y parece que comer para ellos es todo un milagro, todo un esfuerzo.

Se que este tema puede abordarse desde otras perspectivas. Podemos cambiarle la alimentación, podemos llevarle a un psicólogo, podemos mejorar los platos y hacerlos más apetitosos, e incluso, podemos obligarles a comer, a decirles que hasta que no se termine la comida no se irán a jugar. Muchas de estas opciones se realizan hoy en día.

Pero voy a intentar ver este problema como un osteópata, mecánico de la máquina viva, y dejaré de lado por un momento el resto de miradas de otros profesionales para centrarme en la que como osteópata me ocupa, el trabajo de la estructura viva, de la anatomía viva y consciente con mis manos. Partiendo siempre del principio fundamental que cuando quitamos los obstáculos de la estructura la salud aparece por sí sola.


¿Y con qué me encuentro como osteópata en un cuerpo que no come y está débil? Y lo primero que me encuentro es con el NO MOVIMIENTO. Un cuerpo con falta de movilidad y vitalidad. Y mientras pienso con el Dr. Still con todo esto me pregunto: ¿Algo que no se mueve es algo congestionado y lleno. Incapaz de movilizar lo que hay dentro de él? ¿Cómo puede algo que esta lleno y congestionado, que no se mueve, quererse llenar más, es decir, comer o ingerir energía? ¿Si existe congestión no puede haber necesidad de ingerir, ya esta todo demasiado lleno? ¿Si siento debilidad y falta de fuerza nerviosa como puede haber necesidad de ingerir más energía con los alimentos si no la va a utilizar para sus procesos vitales?



Es desde estas preguntas que puedo empezar a percibir “pequeñas cosas grandes para el osteópata” y que me hagan entender por qué ese niño ha dejado de comer, de ingerir y consecuentemente de engordar y crecer.  Percepciones todas ellas relacionadas con la congestión y falta de movilidad. ¿Qué está ocurriendo con la movilidad de los fluidos, por qué están congestionados? ¿Por qué la sangre es lenta, espesa, pesada y no circula? ¿Por qué la fuerza nerviosa no da la movilidad a ese cuerpo? ¿Qué ocurre con la Vida en ese cuerpo que ha dejado de expresarse?


Para querer comer ha de ingerir y necesitar energía para utilizarla. Cuando lo que ya está no es consumido y lo que se consume no se utiliza es lógico no tener hambre. Si el cuerpo empieza a ganar movilidad y vitalidad entonces querrá energía para ello, y querrá comer. Aquello que no se mueve no necesita energía, está lleno de energía estancada, congestión, que ya no quiere más energía porque la tiene almacenada sin usar. Un cuerpo que no se mueve no necesita energía para funcionar. Lo que no se mueve no consume energía, no la necesita.

Los procesos vitales de la digestión y asimilación de la energía necesitan de la fuerza vital y nerviosa para llevarse a cabo. Si el cuerpo esta impedido de esta fuerza por obstáculos que lo provocan en su cráneo, columna vertebral, hígado, y muchas partes más del cuerpo, esta fuerza no podrá actuar y la movilidad, motilidad digestiva estará limitada en su función. Es así que no pueden llevarse a cabo la asimilación y gasto de energía, necesarios para que luego quiera consumirse más energía y comer.


Entonces voy y coloco las manos en ese cuerpo, buscando la NO MOVILIDAD y ayudar a liberar esas partes del cuerpo que impiden la movilidad de la sangre, de los fluidos nerviosos y la movilidad de la Vida. Es desde esta mirada que cuando permito que el cuerpo recupere su movilidad el proceso natural de querer comer viene por sí solo. Si comer es algo natural y fisiológico. Como osteópata me pregunto, ¿Dónde está lo NO NORMAL, dónde está el bloqueo en la ESTRUCTURA ANATÓMICA? Entonces coloco mis manos que son el fulcro para que esa movilidad empiece a recuperarse y ese niño quiera volver a comer, vivir y crecer.

 

Franki Rocher Muñoz

Osteópata D.O