La Capacidad Autocurativa del Ser Humano

Franki Rocher. Osteópata, D.O

El primer piso

 

Por tanto, una primer paso hacia la autocuración es esa interconexión. Pero hasta donde llega esta interconexión en el ser humano. ¿Se queda en el cuerpo, o es capaz de subir un piso más?.

Andrew mientras habla de este primer piso, habla mucho del cuerpo, habla mucho de la interconexión de sistemas corporales. Todo en el cuerpo está relacionado, gracias al continuo intercambio de informaciones nerviosas y sanguíneas que van y vienen de un lado a otro por todo nuestro cuerpo. Por ello, al ver esto, Andrew se fascina y observa lo que ya había visto en la Naturaleza, pero ahora en otro lugar, dentro del cuerpo humano. Su primera obsesión es la estructura del cuerpo humano, su anatomía, cómo funciona esa máquina corporal, y nos insiste continuamente en sus libros que hemos de pensar como  filósofos mecánicos que se encargan del cuerpo humano. El cuerpo humano es una máquina, y se muestra ante Andrew como una demostración más de los principios que rigen la Naturaleza y el Universo en el que vivimos. Por ello, como osteópatas, como médicos, como profesionales que queremos ocuparnos de la salud de las personas, mientras estamos en este primer piso, nos interesa ocuparnos sobretodo de la materia, nos interesa la anatomía, la fisiología, la bioquímica, etc. Andrew en sus escritos nos insiste muchísimo en la importancia de conocer bien la anatomía, hemos de “ver” la anatomía con los ojos cerrados, comprender lo que ocurre en el cuerpo como si fuésemos mecánicos de ese cuerpo.

Mientras estamos viviendo en este primer piso, jugamos una liga en la que hay dos equipos principales. El equipo de la minuciosidad, de los efectos, de los síntomas, de las consecuencias y de la especificidad. Donde cada efecto tiene ya su causa conocida, y su remedio predeterminado. Cada lesión de tobillo, cada dolor de estómago, cada malestar menstrual ya tiene su remedio en el libro médico. Efecto, causa y sustancia o solución correspondiente. Hemos ido a infinidad de congresos donde se habla de la causa de este u otro síntoma, y por fín nos han dicho que el tobillo duele por la lesión de la cadera, que cuando duele se segregan estas sustancias, que se aprieta este nervio, etc. Si jugamos en este equipo, es porque aceptamos la especificidad de todo, no importa la minuciosidad de todos los detalles y efectos. Los tratamientos prescritos y las recetas para lo que sea. Ya sabemos qué protocolo seguir cuando nos duele la zona lumbar, qué pastilla o medicamento hemos de tomar cada vez que tenemos diarrea, y así con todo lo que nos pasa. Sabemos tanto de todo que ya nadie puede saber más que nosotros, y como doctores nos colocamos la bata blanca, nos colocamos detrás de la mesa de nuestro despacho y empezamos el tratamiento. En este equipo, a menudo nos encontramos con jugadores que dicen llamarse osteópatas, pero que también tienen otros nombres al mismo tiempo como acupuntores, fisioterapeutas, masajistas, terapeutas craneosacrales etc., y que bajo ese nombre siguen pensando como los que juegan en el equipo de los efectos y los síntomas, pero que se sienten mejor si lo que ofrecen para el síntoma es “natural”, siempre es más sano que no tanta química. ¿Al menos no tiene tanto efecto secundario no?.

Pero en este primer piso también juegan osteópatas. Que llegan y empiezan a decir que todo está interconectado, que hablan de la ley de la arteria, de la autocuración, de la globalidad y de todo eso de lo que hablan los osteópatas sin parar . Que todo lo que me pasa en la espalda, puede tener que ver con lo que ocurre en mi estómago, o en mi cadera, en mis pulmones o qué se yo donde, porque todo se repercute entre sí. La sangre y los nervios circulan por todas partes, y esto repercute en el estado general de mi salud. Sea donde sea. Y bueno, ahí tenemos los escritos de Andrew. La vivencias del Viejo Doctor cuando nos narra cómo se ocupaba de la gente que padecía enfermedades como la disentería, la tuberculosis, las fiebres, etc., ajustaba el cuerpo, principalmente su marco óseo, para que la sangre y los nervios pudieran circular mejor, llevándose consigo los efectos de la enfermedad. Mientras Andrew trabaja con los pacientes en este primer piso, trabajaba e insistía mucho en la anatomía, en la fisiología, la bioquímica del propio cuerpo, en que los medicamentos necesarios ya los suministra el propio cuerpo si la sangre y los nervios mejoran su movilidad y circulación por todos los tejidos del cuerpo. En este primer piso, a menudo vemos pacientes en casos agudos, en casos recientes y algún que otro caso crónico. En este primer piso, a menudo trabajamos cerca de los efectos, de los síntomas, pero la diferencia como osteópatas es que los abordamos desde la globalidad, aunque solo sea física. Aceptar esta globalidad e interconexión aunque solo sea a nivel físico o material, en un primer paso para ser osteópatas. Como osteópatas que trabajamos en este primer piso, nos interesa mucho el lenguaje médico, el lenguaje anatómico, fisiológico, el nombre de las cosas, los procesos y las enfermedades, miramos la postura, las líneas de fuerza, los ejes, los pivotes, las relaciones de las cadenas de músculos, etc.,. Nos sentimos bien y seguros porque estamos siempre cerca de los médicos y profesionales habituales de la salud, la gente nos entiende fácilmente con nuestra forma de tratar al cuerpo y hablar de él, porque nuestro lenguaje es bastante parecido al que se suele escuchar en la medicina. Aunque como osteópatas, ya hemos iniciado un camino en el que la anatomía, la función y química del cuerpo, hemos empezado, casi sin darnos cuenta, a verlo y entenderlo “de otra manera”. Y eso, es el inicio del cambio. Nos podemos sentar con un médico a ver el mismo cuerpo, la misma anatomía, pero luego, cuando nos preguntan qué hemos visto a cada uno, o , qué piensas provocó el síntoma. Parecía que veíamos lo mismo, pero empezaremos a darnos cuenta que nuestra visión es distinta, porque en algún momento de nuestra formación como osteópatas, se hizo un “clic”, que empezó a cambiar nuestra forma de ver la anatomía y entender los procesos y la salud del cuerpo. Y ahí, ahí empezamos a estar cerca de lo que nos dejó el Viejo Doctor que luego Will Sutherland lo definió muy bien llamándolo “pensar osteopatía”.

 

Pero a menudo, en la medicina de hoy en día, nos quedamos de por vida en este primer piso. Según como seamos como personas, médicos u osteópatas, nos sentiremos a gusto trabajando siempre en este piso. Sin pensar en nada más. La gente vendrá a vernos y entenderá perfectamente que la manipulemos, la estiremos, la masajeemos, la vendemos, les demos algún remedio complementario cuando lo que hacemos no es suficiente, e incluso, aunque muchas veces les digamos que les duelen las cervicales porque tienen problemas digestivos. Bueno, aquí a veces nos mirarán de formar rara, pero bueno, lo acabarán aceptando, en cierto modo parece lógico. Además quizá les guste que les demos alguna dieta restrictiva, de lo que han de comer, algún suplemento, etc. Cuando hemos decidido quedarnos a vivir en este primer piso aceptaremos de por vida, vivir con lo que hay en este piso, y es todo aquello de naturaleza material. Nuestros huesos, músculos, articulaciones, alimentación, remedios naturales, etc. Con el tiempo nos haremos unos expertos en este piso. Conocemos todo lo que hay por conocer. Y curaremos a mucha gente, o la mantendremos en salud. Apoyaremos fielmente a Andrew en su principio de la globalidad, de la interconexión, de que la salud está en nosotros mismos, en la autocuración. Aplicaremos con firmeza este principio autocurativo , pero siempre, siempre estando en este piso. Sin planearnos que vivimos en un edificio, y que quizá, a veces haya que cambiar de piso para ver otras causas de las enfermedades.

 

En este primer piso tendremos vecinos, que aunque vivimos en pisos iguales, cada uno tiene su propia casa. En el 1ºA, viven los médicos y la medicina de los especialistas. En el 1ºB están los terapeutas naturales, muchos de ellos osteópatas entre otras cosas, que también les gusta lo de ser especialistas. Y en el 1ºC viven los osteópatas, que viven la globalidad, interconexión y autocuración, que aunque solo sea en este piso, pero la viven.

 

Este es el piso preferido de la medicina y la ciencia de hoy en día, y en el que le encanta profundizar y profundizar sin parar. Aunque no sé si la palabra “profundizar” a este nivel es la adecuada, porque más bien diría que lo que le encanta a este nivel es matizarlo, especificarlo, cuantificarlo, medirlo todo. Todo puede medirse, todo puede especificarse, cuantificarse. Todo, todo, todo, es posible de expresar con números y palabras. Por tanto a este nivel llega un momento que es todo tan específico que tenemos siempre el remedio esperando una vez hemos encontrado que lo que le falta a mi cuerpo es tal sustancia, tal alimento, tal pastilla que me da la sustancia para poder ir al baño, para poder dormir, para no toser, para , para , para.. para todo hay un remedio. Para todo hay un “ANTI”. ¿Os suena esta palabra?. Un antinflamatorio, antiepiléptico, antiespasmódico, antidepresivo, antitumoral, .. y seguro que se os ocurre alguna más. Hemos fabricado una visión tan específica de todo, y nos gusta tener tanta seguridad en todo, todo ha de ser tan homogéneo y continuo, que todo ya tiene su remedio o anti, esperando para ser usado y neutralizar todo enemigo que aparezca. Y esta visión, es una visión que a menudo aplicamos a la medicina, pero también a la política o la educación. El efecto que vemos ante nosotros, da igual lo que sea, tiene una causa inmediata, la causa es tan inmediata y tan concreta, que tenemos enseguida la solución. Pero al final vemos que no basta a menudo con decirle al niño que se calle, que se siente en la silla, que se duerma, que coma bien sentado..etc., a menudo las cosas se repiten, porque seguimos siendo demasiado específicos. Lo específico funciona en occasiones, y en la medicina muchas veces salva vidas, pero la medicina de urgencia es solo una parte de la medicina. Muy útil y válida en muchos casos. Esta es la parte de la medicina que desde mi punto de vista más evolucionada está en la medicina que se nos transmite hoy en día. Tan evolucionada, que ha desarrollado maravillosas técnicas quirúrgicas y auténticas bombas de relojería para cualquier parte de nuestro cuerpo que se atreva a hablar, a decir algo que esté fuera del discurso normal de las cosas, o que la vida que habita en ellas se atreva a hablar. No te preocupes que tus mocos se acabarán yendo, quieras o no, te daré tal dosis de corticoides, que si no te basta con una, ahí tienes dos, y sino, tres, y sino.. sino, sino.. y bueno, el cuerpo muchas veces cede a ello, y los mocos se irán, y nosotros tan contentos, nos han quitado el problema de encima, porque una vez más, la causa y la solución no la tenía yo ni mi cuerpo. Pero el cuerpo, se ha dejado vencer, pero no ha dicho la última palabra de ello, ha dicho que ok, ahora cedo, pero esta me la guardo por haber perdido la fe en mi. Que de momento puedo llevarlo, pero que estos corticoides me quitarán los mocos ahora, provocando otra anomalía en otra parte del cuerpo, porque como no has arreglado lo que tenías que arreglar en la máquina del cuerpo,  más adelante te lo haré pagar de otra manera. La vitalidad del cuerpo empezará a comprometerse, la circulación nerviosa y sanguínea será cada vez más lenta y peor,  la vida empezará a morir poco a poco, nuestro cuerpo ya no recibirá el alimento que necesita cuando lo necesita, y eso irá apagando la vida en nosotros poco a poco, no sentiremos cansados, y si esa vitalidad desaparece, si la vida habla menos cada vez, la autocuración empieza a morir poco a poco. Apagamos la llama de nuestra propia vida y con ello la autocuración se desvanece poco a poco. Y como ya hace tiempo que estamos actuando de esta manera, ya nos cargamos esta capacidad autocurativa hace tiempo, seguiremos pensando que el remedio para todo lo que nos pasa siempre está fuera, siempre está en la pastillita, la hierbecita o infusión, la cremita o el consejo del psiquiatra u amigo. Nunca tendremos nosotros la solución.

 

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