El tercer piso.

 

Aquí nos encontramos a unos profesionales que claman la interconexión del ser humano a todos los niveles. Nos encontramos con psicólogos, médicos, homeópatas, y claro, osteópatas. Todos ellos clamaron que no podemos dividir al ser humano por partes, que no podemos decir que es todo mente o todo cuerpo, sino que la unión de ambas y “algo más”, es lo que hace que la capacidad autocurativa del Ser humano pueda expresarse por sí misma en su máxima potencialidad. Autocurarse dependerá en parte de nuestra capacidad de interconexión en cada uno de nosotros, de reencontrar esa buena organización de nuestro Ser, y aprovechar el máximo de su capacidad.

 

Como osteópatas que trabajamos en el piso de arriba, nos interesa el conjunto del Ser, y no solo su cuerpo. Partimos de la anatomía, de la comprensión de los procesos del cuerpo, de su bioquímica, pero a medida que vamos subiendo pisos, nos encontramos con cosas más sutiles, en menos cantidad. Tenemos una menor cantidad de datos, de informaciones, pero que estaban escondidas a dentro de nuestro Ser, porque en algún momento dado, algo ocurrió que alteró el orden de nuestro cuerpo. La materia, por tanto, está influenciada por ese Ser, un conjunto físico, mental y espiritual.

Cuando estamos en este piso, los osteópatas ya no miran solo nuestros síntomas. Hemos llegado a ellos con un montón de radiografías, resonancias y pruebas médicas, pero en este punto, las miran, las observan, pero saben que lo más importante está en esas informaciones que  se manifiestan en nuestro cuerpo y ser, y que ellos son capaces de percibir con sus manos, sus intuiciones y su sabiduría, influenciadas por esa noción de salud autocurativa de nuestro cuerpo. Ahora lo importante son las personas, y no las enfermedades. Ahora lo que importa son los signos y señales que manifiesta ese persona que está ante nosotros no vive en salud.

A partir de ahora, empezamos a ver cómo este osteópata habla mucho de energía, o lo que es lo mismo, “información en movimiento”. La energía circula por todo el universo a modo de informaciones que llegan a nosotros, a nuestros tejidos y a las células de cada estructura de nuestro cuerpo. Y a menudo, esas informaciones están ahí, en nuestros tejidos y células, impidiendo que la vida que en ellas habita no pueda expresarse correctamente.

 

Ahora una pregunta que yo me hago, cuando llego a este piso, ¿Es nuestro cerebro el único lugar del cuerpo capaz de procesar informaciones?. ¿No hay acaso un “cerebro” en cada célula de nuestro cuerpo?. ¿Son nuestros tejidos capaces de vivir, experimentar, aceptar o rechazar todas las informaciones que llegan a nuestra vida?. Si es así, entonces podemos empezar a sentir la globalidad, y ver que toda la energía que circula por todo el universo no lo hace solo por nuestro cráneo, nuestras células del sistema nervioso. Sino que cada célula tiene un pequeño cerebro en su interior con un montón de informaciones, el núcleo de la célula. Pero también, tiene un procesador, un guardián de seguridad que no deja pasar todas las informaciones que le llegan, y a esto se le conoce como membrana celular. Esta membrana, es incluso, más importante que el núcleo. Es una membrana cuya capacidad para permitir las informaciones, cambia constantemente porque esta viva, y su vida se manifiesta gracias a su movimiento constante, a su cambio constante. El núcleo, en su interior, donde están los genes, son informaciones ya instauradas, fijas, almacenadas durante años, décadas y generaciones, y que determinarán el funcionamiento de la célula en una parte, pero no en su totalidad, porque para ello tenemos la membrana. Éste es el verdadero cerebro de la célula, un cerebro dinámico capaz de adaptarse a la vida que ocurre a su alrededor, capaz de morir para luego volver a renacer. Es ella quien dice qué alimento entrará y nutrirá a la célula, qué energía sea del tipo que sea. Todo por tanto, como nos han hecho creer hasta ahora, todo no es fijo, no está predeterminado por los genes, por el contenido de ese núcleo celular, sino que puede cambiar, puede progresar y evolucionar, puede adaptarse al entorno en el que vive. Eso, es lo que ha permitido al ser humano vivir de multitud de maneras en diferentes países. Esa capacidad autoadaptativa, y que tendrá un papel determinante en la autocuración. Ahora pues, estamos en una visión de la salud donde no hay nada fijo, el núcleo, el gen ya no es lo único. Hay más cosas. Pensar que todo está fijo es la forma más determinante de acabar con la vida de cada célula, con la de cada uno y con la del universo. Por tanto, cuando nos adentramos en este nivel básico, tratamos personas, tratamos diferentes seres y no sus enfermedades. Nos enfrentamos a cómo sufre cada ser frente a la misma enfermedad. Y no a la enfermedad.

 

Por tanto, estamos en una visión en la que la información que llega a nuestra vida es procesada por cada cerebro de cada célula de nuestro cuerpo. Ya no solo lo mental afecta a nuestra cabeza, ya no solo lo físico afecta a nuestro cuerpo. Todo puede afectar a cualquier parte de nuestro cuerpo. Aquí reside la globalidad, aquí reside la autocuración. Nuestro espíritu quizá, empiece a hablar a partir de ahora.

 

Quizá , “cada uno de nosotros tiene una estrella que ha de seguir”, para vivir en salud.

 

La salud es la consecuencia de la diferencia. La diferencia es salud. Un mundo donde cada uno es diferente y acepta la diferencia de los demás.

 

Llegados a este punto, podemos ver cómo la capacidad autocurativa no depende solo de nuestro cuerpo, de sus interconexiones anatómicas, mentales, sino también de sus conexiones e informaciones energéticas que habitan en él. Podemos ver cómo la capacidad autocurativa de nuestro cuerpo puede llegar a niveles muy profundos. Solo si nos quedamos a vivir siempre en el mismo piso, perderemos la noción de esa capacidad autocurativa. Ningún piso es completo por sí solo, depende de los demás, y contemplamos así un edificio donde lo que habita en la salud, la autocuración. Si como osteópatas pretendemos ocuparnos de la autocuración, tendremos que mirar hacia dentro. Sutherland, padre del concepto craneal osteopático lo decía a menudo:

 

“Permite que la función (La Vida) fisiológica interna se pueda manifestar, en lugar de imponerle al cuerpo fuerzas externas sin sentido alguno”.

 

Esta frase para mí, define y resume a la perfección el concepto curativo de la osteopatía, un concepto que ningún osteópata debería perder de vista, trabaje en el piso que trabaje. La globalidad, la interconexión y la autocuración no depende solo del piso en el que trabajamos, sino de que sepamos que vivimos en un edificio, donde lo que manifiesta la salud es el movimiento, y el movimiento es la expresión de la Vida.

 

El edificio y su entorno

 

La salud por tanto, depende de esta interconexión que permite que la sangre y los nervios, junto con todas sus informaciones puedan fluir, puedan hacer que la Vida se manifieste en nosotros, y la Vida si se manifiesta lo hace mostrando esa capacidad autocurativa inmensa que en ella existe. Pero hay algo que no se nos debería olvidar. No estamos solos en este Universo que nos rodea. Andrew, a menudo habla de esa fe en el Creador, en el Universo, en alguien que nos sobrepasa, en una energía universal que está por encima de nosotros, una sabiduría por encima de nosotros.

 

¿De dónde ha salido todo este mecanismo autocurativo del que hablamos?, ¿quién ha podido diseñar una máquina tan perfecta?.

 

Cuando hablamos de la salud, el primer paso para esa autocuración es la interconexión de todos los pisos en nuestro edificio, la interconexión con lo que somos y hemos venido a hacer a este mundo. La parte material, mental y la espiritual. Pero ahora, llega el momento de plantearnos si esa unión es suficiente para vivir en armonía y salud, si necesitamos una armonía de nuestra interconexión interna con el entorno que nos rodea. Si somos parte de un conjunto, de un equipo llamado Madre Tierra o Universo, es necesario sentir la conexión con ello. ¿Acaso vivimos solos en este universo que nos rodea?. ¿Cómo estar abiertos a ese entorno, a vivir en ese entorno cuando nuestro interior no está interconectado?. Solo cuando estamos en conexión con lo que somos, y lo aceptamos, una vez conseguimos que la interconexión con nosotros se realice al máximo nivel, entonces, empezamos a sentir que hay algo por encima de nosotros, levantamos la cabeza y miramos al frente, ya no necesitamos mirar hacia dentro de nosotros, conocemos ya lo que allí hay. Ahora nuestra mirada va al frente y eso nos permite empezar a relacionarnos con nuestro entorno, aceptar las informaciones que de él vienen, con la gente que nos rodea y seres vivos, con todo lo que nos envuelve de forma armoniosa y sin conflictos. Podemos abandonarnos a esa sabiduría que nos sobrepasa, que está en el mismo universo. Ahora por tanto, cuando trabajamos como osteópatas, ya  no somos nosotros quienes conducimos nuestro propio coche, ya no somos nosotros quienes guiamos al cuerpo que hay entre nuestras manos hacia la autocuración, ya no es solo la mente racional quien trabaja, ya no todo depende del cuerpo, por fin, hemos conseguido que la intuición trabaje también, por fin hemos aceptado que todo no puede medirse, cuantificarse, colocarse de forma ordenada en cada estante. Ahora somos capaces de abandonarnos a una sabiduría que nos sobrepasa. Ahora vemos una persona que padece y a quien podemos ayudar, ya no vemos el nombre de su enfermedad.

Solo cuando conectamos con nuestra sabiduría interior, aceptamos la sabiduría superior, aceptamos la sabiduría del ser que tenemos en nuestras manos, confiamos en él y en toda su capacidad para vivir en salud. Nos convertimos en un canal, por el que fluye toda la sabiduría de la energía universal sin obstáculos. Sin obstáculos, fluye nuestra energía y nuestro saber, que permite que la sabiduría por encima de nosotros pueda actuar. Pueda conectar con esa sabiduría del ser que intentamos ayudar a que pueda vivir en salud.

 

Franki Rocher Muñoz

Osteópata D.O

 

vuelve a los principios de la osteopatia