El sonido del Silencio, la lesión del osteópata  

 

Hola oscuridad, mi vieja amiga,
Aquí estoy otra vez para hablar contigo,
porque mientras dormía,
me vino un sueño y fue dejando sus huellas poco a poco,
y todavía perdura,
en el interior del sonido del silencio.


En noches sin dormir caminaba solo,
por calles estrechas de adoquines.
Estaba bajo la luz de una lámpara,
agarrotado por el frío y la humedad,
cuando de repente, mis ojos fueron atraídos hacia el destello de una luz fluorecescente, que invadió la noche
y alcanzó el sonido del silencio.


Y en esa luz pude ver miles de personas o más.
La gente hablaba sin decir nada
Gente que oía sin escuchar.
Gente que escribía canciones con quien nadie compartía.
Y nadie se atrevió a perturbar el sonido del silencio.


“¡Tontos!”, les dije yo, “no sabéis que el silencio crece como el cáncer.
Escuchad lo que puedo enseñaros,
Dejad que os acoja en mis brazos”.
Pero mis palabras, como gotas de lluvia silenciosas ,se perdían y resonaban en los pozos del silencio.


Y la gente se inclinaba y adoraba al Dios fluorescente que habían creado.
Y en la luz se veían unas palabras que decían:
“ las palabras de los profetas están escritas en las paredes del metro y en los salones de las casas”,
y susurradas en los sonidos del silencio.

Simon and Garfunkel.
  

Cuanto tiempo, cuantas veces habré escuchado esta canción, y ahora, me doy cuenta de lo cerca que está de la osteopatía.

 

¿Qué entendemos por lesión osteopática? A menudo escucho entre los pacientes diagnósticos considerados osteopáticos pero que no lo son, y es triste escucharlo, puesto que muchos puede que vengan de los fisioterapeutas y los médicos, pero es triste ver que este tipo de diagnósticos son dados por profesionales que consideran están practicando la osteopatía. Por ej. Me duele la ciática y me han dicho que tengo el piramidal contracturado. Me duele la cabeza y me han dicho que tengo mal las cervicales. Me duele las lumbares y me han dicho que tengo una contractura en el cuadrado lumbar. Me duele y el diagnóstico todo en el mismo lugar. Y claro, me han tratado en esa zona, y pese a que luego vuelve el dolor, me voy contento a casa. A veces con mejoría, pero muchas veces con empeoramiento o el dolor no desaparece. Efecto o síntoma y causa a menudo están lejos el uno del otro. Esta es la mirada que el osteópata tiene de la enfermedad, con la que aborda nuestro malestar, y por ello a menudo trata otras partes del cuerpo donde no tenemos el dolor, con la mirada que el Ser Humano es un conjunto material, mental y espiritual. El síntoma habla, avisa de que algo va mal, pero la causa está escondida en el silencio, allá donde no se habla, donde la vida está impedida, donde el movimiento no es libre y está impedido. Allí vive, olvidada y en su olvido, sin vida, sin expresión, sin manifestarse, permanece dormida, hasta que un buen día llega un osteópata, que la llama y que la encuentra, que llama a la vida para que vuelva a expresarse, que llama a la vida para que al expresarse hable el lenguaje de la salud. Una zona inmóvil y silenciosa, y que el osteópata con sus manos ha encontrado y pretende devolver la movilidad y la vida.

Pero esto es difícil de aceptar por muchos de nuestros pacientes, pero también por nosotros mismos en nuestra evolución como osteópatas. ¿Por qué? Porque estamos inmersos en un sistema de salud y enfermedad, una manera de colocar la enfermedad y la causa todo en el mismo lugar. Una manera de curar basada en que siempre hay que matar el síntoma, tratar el síntoma para curar. Y aunque esto a veces ayuda en la fase aguda, a menudo no soluciona la enfermedad. Esta manera de pensar podemos verla en muchas partes de nuestra sociedad, una de ellas la educación. Solo tratamos y hablamos de lo que se ve pero, ¿Qué ocurre de aquello que está inmerso en el silencio, en el olvido?

 

Solo el día que somos conscientes de ello, nos damos cuenta de todo nuestro potencial, de la potencia que habita en ese silencio, y que estaba permanentemente dormida. Y un buen día llega un osteópata, y entonces entra, habla y se comunica con sus manos con nuestro silencio, con aquello que en algún momento, algún lugar y algún tiempo decidimos olvidar para seguir adelante, para sobrevivir, y nuestra Conciencia dijo que "bueno, si no hay otro remedio no me escuches, no me hagas caso, pero yo sigo aquí, y te avisaré de tanto en tanto con el síntoma y la enfermedad”.

 

Y muchas veces encontrar ese silencio y hacerle caso no es fácil, pero a menudo ahí está la solución. El osteópata libera esa parte de nuestro cuerpo, nuestra conciencia y nuestro Ser, que estaba inmóvil, y la Vida empieza a expresarse. Empieza a circular la sangre, los nervios, la energía, la fisiología se recupera, la función vuelve a su normalidad, y a esto se le llama Salud. Porque el cuerpo cuando no tiene obstáculos para su circulación solo sabe expresar Salud. Hacer esto es confiar en la capacidad que tiene nuestro cuerpo para curarse, para expresar las leyes de la Naturaleza cuando no tiene obstáculos, y saber que las herramientas para nuestra salud están en nosotros mismos.

 

Estoy seguro que escuchar nuestro silencio nos hará ser mejores personas, vivir en Salud, y mejorar el mundo en el que vivimos.


Franki Rocher Muñoz
Osteópata D.O